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Artículo publicado en el especial fin de año de L'ESPRESSO aparecido el 31/12/2008.

"Trans global sex" L'acqua è un composto chimico insapore, inodore e incolore..
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Se reproduce a continuación el original en español:
¿SERÁ EL 2009 EL AÑO DE LA REVOLUCIÓN SEXUAL?
“El agua es un compuesto químico, insípido, inodoro e incoloro, formado por dos átomos de hidrógeno y otro de oxígeno. Los enlaces que se establecen entre sus moléculas son los responsables de que este compuesto, según la temperatura a que se someta, pueda presentarse en forma líquida, sólida o gaseosa.”
“La mujer, cuando su ardor es máximo, y se la está penetrando de manera que el pene estimula su punto G en el interior de la vagina, tiene, al llegar al orgasmo, una serie de contracciones en los músculos vaginales que le hacen expeler, ocasionalmente, de manera incontrolada una abundante cantidad de líquido. Es lo que se conoce como eyaculación femenina.”
Un juego. Juguemos a las diferencias. ¿Qué diferencias hay o qué diferencias ve, querido lector, en estas dos afirmaciones? Una primera diferencia es que la afirmación de inicio forma parte de esos conocimientos que estudian la composición y la estructura de la materia y a los que llamamos genéricamente “química”, mientras que la segunda podría pertenecer a estos estudios en construcción que se ocupan del hecho sexual humano y que algunos llaman “sexología”, pero también a la “patafísica” de Jarry o a la “cartomancia” de la bruja Pirula o a la “ciencia ficción” de un Wells en una noche libidinosa. Está, también, el que si bien la primera afirmación sabemos científicamente, desde 1781, que es cierta, la segunda no tiene ninguna base ni constancia científica, es una ocasional afirmación que en nuestra galería de “saberes” no pasa de ser una mera especulación. Hay otra diferencia más, querido lector; la primera afirmación le deja frío y no le da, por ejemplo, ni siquiera ganas de beber, mientras que la segunda le altera anímicamente, le provoca cierta sonrisa tonta, cierto sonrojo, mira a su alrededor para comprobar que nadie más está leyendo lo mismo por encima de su hombro, se pregunta si a usted o a su pareja le sucede eso y esconde este suplemento de L’Espresso a su hijo. Lo entiendo, estoy totalmente de acuerdo con usted. A mí me pasa lo mismo.
Y me temo, como usted, que para que eso dejara de pasar, debería producirse una revuelta, una sublevación, una auténtica revolución sexual. Una revolución que, a mi modo de ver, debe pasar ineludiblemente por dos logros; un nuevo
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