de ella, si no la ciudad del amor, un sitio único para hacer el amor (y algo más) Como decía aquel escritor, la nieve no cae en París, se funde. Carnal, sórdida y sofisticada, así es París… en el centro y de noche (a poco que se tenga una linterna)
Mis amantes y los suyos se entremezclaban con la naturalidad de unas agujas de reloj. En ocasiones nos encontrábamos en lugares que él antes me había enseñado, nos saludábamos, bebíamos algo fuerte echábamos unas risas al aire y nuestros acompañantes acababan trenzados para siempre por una sola noche (París es la ciudad de los amnésicos con compromisos perpetuos) Raro era el día en el que Didi no me anunciaba que había algo que yo aún no había probado, que si en tal sitio del Boulevard Sant Germain, que si en casa de un tipo que había conocido y al que le gustaba el cuero… pero mis estudios se resentían, mi economía se quebraba y París, que me había hecho un hueco entre sus faldas, empezaba a ser la ciudad del “metro, dodo, boulo” (“metro, dormir y trabajar”) La responsabilidad llamaba a la puerta con nudillos de acero, la música de “Depeche Mode” sonaba cada vez más bajo y mi curiosidad, y también las bragas, empezaban a acusar el desgaste.
Las parisinas se depilan las axilas y se arreglan el pubis (algo que no todo el mundo sabe) Del mismo modo también París, bajo sucesivas oleadas de laicismo puritano presidenciales y consistoriales ha querido en las últimas décadas vender más el “amour chic” que el “sex center” y depilar sus bajos fondos. Pero París, y esto me consta como lo anterior, sigue haciendo del pecado la redención de sus visitantes y posiblemente formaría triada con Sodoma y Gomorra, salvo que a diferencia de estas, no habría Dios que se atreviera a destruirla. ¿Quién sabe?, quizá la próxima vez, si sabe seducirla, sí se fije en usted.
Ah, ¿y que por qué contaba lo de la margarina?, pues porque si Bertolucci hubiera caído en ese detalle, a buen seguro le habría facilitado las cosas a María Schneider… y hubiera dejado la mantequilla para los inmejorables “croissants” del barrio latino.
Valérie Tasso
|