Valérie Tasso . www.valerietasso.com
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La vida

9 horas 10 minutos.
Nací porque me lo han dicho. Fue alrededor de las siete de la tarde de un 23 de Enero, del año de 1969. Siempre en el calendario Gregoriano. En cualquier caso, aquel día a aquella hora, no me importaba mucho el que fuera aquel día y aquella hora. Santa sabiduría de los neonatos. Lo hice, lo de nacer, bajo el signo de Acuario y el ascendente (no me han faltado pretendientes regalándome cartas astrales) correspondía a Leo. En aquel momento ni el signo ni el ascendente me importaron demasiado. Ahora tampoco.
Además de un tiempo, hubo también un lugar. Una población del nordeste de Francia, al lado de Reims, en la región de la Champagne-Ardenne. Bueno. ¿Por qué no?.
Empiezo a preguntar.

11 horas 31 minutos.
En 1985, dieciséis años más tarde, se produce un hecho capital. Tengo mi primer gato; “Minette”. Una gata. Antes perdí la virginidad, no necesariamente para conseguir la gata.
El ambiente en el hogar familiar es denso. Empiezo a percibir que algo ocurre; me atrae lo prohibido, lo incorrecto, lo vedado y la literatura de Marguerite Duras.
Me rompo un poquito.

Mediodía. El Ángelus.
Sigo los pasos. Intento adaptarme a los modelos establecidos; formación académica notable, dormir, empleo seguro y bien retribuido, comer, formar una familia con asistencia sanitaria privada, aburrirme, conseguir un plan de jubilación garantizado, morirme. Me matriculo y me licencio en una formación universitaria exigente; Ciencias económicas y Lenguas Extranjeras Aplicadas. Empiezo a manejar cinco idiomas y menos lenguas de las que quisiera. Aún así, entre sesiones de doctorado en Estrasburgo, medio exiliada de todo menos de mi misma, aprendo canciones tabernarias. “Si tu avances et tu recules, Comment veux- tu, comment veux-tu que je t’encule?...”
Empiezo a cantar en voz alta

Hora de la Comida.
Solventemente preparada para una vida y existencialmente atormentada por la otra, entro en el mundo laboral por una puerta muy ancha. Mi primer amante de habla hispana huye despavorido del Simca Mil cuando le digo, con la más pícara de mis sonrisas, que no me había puesto calzoncillos. En ese coche aprendí que los calcetines no eran los calzoncillos. En la facultad no.
Trabajo de alta ejecutiva para distintas empresas multinacionales. Viajo por el mundo, por ese al que se llega con billetes de avión. Saco visas para ese territorio que no tiene espacio ni límite; yo. Leo a Sócrates y me adscribo a la escuela del poeta beocio Píndaro; “Llega a ser quien eres”. Me empieza a envenenar la metafísica, empiezo a conocer con la yema de los dedos, continuo ingresando mucho papel.
Lo rompo.
Me pregunto a voces.

15 horas 53 minutos.
Existió un motivo fundamental para ejercer la prostitución: conocerme. Existió un motivo fundamental para hacerlo público: que podía existir ese motivo para ejercerla.
Me recoso.

17 horas 3 minutos.
Conozco a mi heterónimo: Valérie Tasso. Ella preserva a mi familia de origen. Empiezo a escribir. Uno sólo se escribe a si mismo. Mis habilidades de puta se vuelven funcionales, mis dudas sobre la condición humana agujerean mis tímpanos. No me faltan pardillos varios de pelaje multiforme y neurosis manejables que me sostienen en lo crematístico. Pardillos que caen. Pardillos que exigen. No me falta un mecenas. No me falta amor por él. Construyo libros. Sobre la condición humana. Me llaman “junta palabras” en un programa de televisión. Sonrío y le alargo un pañuelo. Mientras, me proyecto internacionalmente. Mi trabajo visita el mundo, con visas y billetes de avión.
Me escribo.

Cae la primera tarde
Vivo en el sentido más amplio, con un tipo extraño, hecho de la misma materia que los sueños. Un artista brillante, nacido bajo el signo de Leo con ascendente Acuario (no le han sobrado a él amantes que le regalaran castas astrales) que no se suele manifestar en lo social. Callado. Distinto. Aprendo cada día que el amor es, como decía Chandler, “la música oída apenas en el borde del sonido”.
Dispuesta a no ser enterrada en Campo Santo inicio mi doctorado en sexología. Por saber.
Vivo en el campo. A campo abierto. Somos, él, yo, padres felices e insólitos de tres pequeños gatos vivos. Juegan en el jardín, entre gallinas pardas y tréboles imaginarios de cuatro hojas.
Vislumbro un rayo de sol. La humedad relativa del aire es razonable. La temperatura moderada.
Sigo estando por debajo de los 37.
 

Valérie Tasso, Enero 2006

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